Pastor de las Navas de Tolosa

Batalla de las Navas de Tolosa (1864), óleo sobre lienzo por Francisco Van Halen (1814-1887), Museo del Prado, Madrid. Un personaje anónimo, un pastor según algunas fuentes, guió al ejército cristiano al campo de batalla de las Navas de Tolosa. Fuente: Wikimedia Commons.

Otro aspecto a resaltar es su significado en el contexto español y europeo. No en vano tuvo carácter de cruzada, y como tal tuvo el respaldo papal y la participación de tropas procedentes de más allá de los Pirineos, que fueron conocidos como los ultramontanos. Por ello, si bien comprometió a los principales reinos cristianos peninsulares, se trató de una empresa que trascendió lo hispánico para convertirse en un choque entre civilizaciones.

Hoy, el proceso de la Reconquista está cuestionado, cuando no negado, desde diversos sectores de la Historia, la cultura en general o incluso desde la política. Los argumentos más importantes son cuatro: su carácter discontinuo, la falta de unidad política entre todos los reinos cristianos peninsulares, la ausencia de una identidad propia y diferenciada de los reinos cristianos frente al Islam, y la ausencia de referencias explícitas a una empresa clara de reconquista. Sin embargo, la propia naturaleza de todo cuanto rodea a las Navas de Tolosa convierte a este hecho en una prueba de lo contrario.

En efecto, y simplificando mucho, incluso en conflictos contemporáneos de gran calado como la Segunda Guerra Mundial no asistimos a un continuo diario de combates, sino a la celebración intermitente de campañas; y como tales podrían identificarse las sucesivas guerras que construyen la Reconquista, ya que todas se enfocan a la recuperación del espacio cristiano que fue la Hispania hispanogoda. En segundo término, aun no existiendo una unidad política, más propia de los estados modernos y, por tanto, impensable en un espacio de fragmentación del poder político como es la Europa medieval, es innegable que los vínculos políticos que unen al señor de Vizcaya o a las milicias concejiles con el rey Alfonso VIII son la base que permite al rey dar cohesión a un ejército. En tercer lugar, en las Navas vemos cómo la identidad cristiana, frente a la islámica del ejército almohade, es la argamasa de un ejército tan variopinto. Por último, tampoco existe negación explícita de la empresa, y sin embargo las fuentes dejan a las claras que se trata de una campaña que forma parte de algo más grande.(1)

Los contendientes por la parte cristiana formaron una coalición encabezada por Alfonso VIII de Castilla, a quien se unieron Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Junto al rey castellano, don Diego López de Haro, señor de Vizcaya, y Arnau Amalric, Arzobispo de Narbona, a la cabeza de los cruzados ultramontanos (el papa Inocencio III había proclamado la cruzada), franceses en su mayoría. Las milicias concejiles, las órdenes militares, los voluntarios leoneses y portugueses, las mesnadas reales de los tres monarcas… acabaron por componer un ejército asombrosamente numerosos para su época, que Carlos Vara cifra entre 33 300 y 49 950 hombres (cada lanza, la unidad táctica básica, se componía de un caballero, un escudero, un paje, y dos peones).(2) Para el ejército almohade de An-Nasir, González Simancas calcula alrededor de 50 000 siguiendo el mismo sistema de cálculos.(3)

El pastor de las Navas de Tolosa

Los almohades sabían que el ejército cristiano avanzaba hacia el sur, como respuesta a la derrota que le habían infligido tanto en la batalla de Alarcos (1195) como en la toma del castillo calatravo de Salvatierra (1211), y por ello debían frenar el avance de un número tan elevado de tropas. Para ello utilizaron las características del terreno en su favor. El mismo Carlos Vara recoge cómo la crónica del arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada,(4) consejero del rey Alfonso y probablemente artífice intelectual de la campaña cristiana, describe a la perfección el itinerario seguido por los cristianos desde Toledo. El camino natural salvaba el paso desde la meseta hacia el valle del Guadalquivir a través del puerto del Muradal. Lo abrupto del relieve provocaba un estrechamiento en un punto concreto, denominado el paso de la Losa, angostura que fue cerrada por los almohades, impidiendo el paso de las huestes cristianas, y provocando así un problema de difícil solución.

Es aquí donde aparece el protagonista de nuestra historia, al que Jiménez de Rada describe como “hombre del lugar, muy desaliñado en su ropa y persona, que tiempo atrás había guardado ganado en aquellas montañas”.(5) Se trata de un personaje misterioso, quien según las diferentes fuentes unas veces es pastor(6) y otras, cazador. En todo caso, era un hombre conocedor de aquellas tierras de frontera, y mostró un camino alternativo (una antigua calzada romana) por el que el ejército cristiano pudo salvar este escollo, siguiendo lo que desde entonces se conoció como el Puerto del Rey, que los condujo a la altiplanicie conocida como la Mesa del Rey, fácilmente visible desde el Centro de Interpretación de la batalla de las Navas de Tolosa, en Santa Elena (Jaén), lugar donde se plantaría el campamento cristiano y desde donde partió el ataque contra el ejército almohade.

La providencial aparición de este pastor permitió el éxito del rey castellano, y pronto fue motivo de interpretaciones diversas, como no podía ser de otra forma en la mente medieval. El propio Jiménez de Rada menciona que Dios lo envió. No es de extrañar que, siguiendo la tradición medieval, llegara a identificarse con san Isidro, dando a entender una intervención divina en la victoria cristiana, como ya pasara con Santiago en la batalla de Clavijo.

Llegados ya al siglo XVI, Gonzalo Fernández de Oviedo afirma por vez primera que se trata de Martín Alhaja o Halaja, y que se sirvió del cráneo de una vaca para indicar el camino al rey Alfonso. De aquí derivaría el tan conocido linaje de los Cabeza de Vaca:

“Dizen algunos queste ombre se llamava Martín Alhaja… Escriven e testifican muchos libros antiguos de armería que después de vençida la batalla, el rey Alonso armó caballero a este ombre e le hizo noble e le puso nombre Cabeça de Vaca.”(7)

Sea como fuere, muchas son las interpretaciones que pueden hacerse de este personaje legendario. Pastor, cazador o bandido, castellano o mozárabe tardío, hombre de frontera en todo caso, Martín Alhaja o Martín el Malo, el pastor de las Navas de Tolosa cambió el curso de los acontecimientos, convirtiéndose en otro protagonista anónimo de la historia. En 1987, el director noruego Nils Gaup estrenó la película Pathfinder, el guía del desfiladero, en la que el protagonista libra a su aldea de un ataque vikingo. La historia del pastor de las Navas podría  abrir las puertas al rodaje de una película épica sobre nuestro propio héroe del desfiladero, en la que el protagonista logró abrir las puertas al avance más significativo del proceso reconquistador, que culminaría más de 250 años después con la caída de Granada, último reino reino musulmán de la península, en poder de los Reyes Católicos.

Notas

(1).Probablemente el mayor experto en las Navas de Tolosa sea Carlos Vara Thorbeck, de cuya tesis doctoral procede su ensayo “Las Navas de Tolosa” (Editorial Edhasa, Barcelona, 2012).

(2).Estas cifras totales responden a la participación de unos 12.500 caballeros, según Carlos Vara (op. cit., pág 347).

(3).Recogido por Carlos Vara (op. cit., pág. 354).

(4).Jiménez de Rada: “Los hechos de la historia de España”. Alianza, Madrid, 1989.

(5).Vara (op. Cit., pág. 295).

(6).Ibidem. Pág. 295. En la Crónica Latina también aparece como pastor, así como en la versión del obispo de Tuy.

(7).Gonzalo Fernández de Oviedo:”Catálogo Real de Castilla (1532)”, págs. 430-431, transcripción de Evelia Ana Romano de Thuesen.

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